lunes, 27 de febrero de 2012

Semblanza Vida y Obra de la Quena de Todos los Tiempos

XVIII CONGRESO NACIONAL DE FOLKLORE
VII CONGRESO INTERNACIONAL DE FOLKLORE
“Alejandro Vivanco Guerra”
28-31 de octubre de 2006

SEMBLANZA
VIDA Y OBRA DE LA QUENA DE TODOS LOS TIEMPOS


                         JOSE CARLOS VILCAPOMA




“Mas, esta es mi voz; cierto, desgastada por la tristeza
pero que a la luz de una alborada revolucionaria
te dice: ¡Hasta luego, y reparte este pan de versos
con el suave vino de los recuerdos
entre los que te acompañaron y están contigo.
Palabras de Alba y Romance para ti, Alejandro Vivanco”.



Es un honor prosar esta mañana, algunos versos sentidos al maestro que vive dentro de nosotros. A él no sólo nuestro homenaje, sino nuestro compromiso por seguir en esta huella trazada. De Vivanco, se dijo, frases con profundo significado y simbolismo  que de por sí nos da una imagen de quién era y quien es. Una forma sutil de construir la identidad:

"Vivanco, en cambio, es un caballero de la clase media de Huamanga; como músico (toca seis instrumentos, entre ellos el wakra'puku y la chirimía que son exclusivos de indios) no entiende de otro repertorio que del mestizo, siendo al mismo tiempo un ejecutante admirable de la música de danzas que son exclusivas de los indios". José María Arguedas. Lima, 1958.

"No interesa cuántas compañías de arte folklórico fundó, ni en cuántas tomó parte, lo esencial es que nunca traficó con su arte, que no lo mistificó, ni cedió ante la huachafería de quienes solían explotar lo nativo, que fue siempre un luchador y que prefirió la honorable pobreza a tener que transar en detrimento de la herencia cultural que recibió como todos los hombres del Ande". Alfonsina Barrionuevo. Lima, 1977.

"La presencia de Alejandro Vivanco en los discos Sono Radio, prestigia la industria fonográfica continental". Mario Cavagnaro. Lima, 1977.

"Alejandro Vivanco -digo yo, su maestro-, cultiva el arte por vocación, no por ocasión, por cultura, no por negocio". Francisco Rivera El Incario. Huancayo, 1979.
"Alejandro: Yo igual que tú pienso que en el Perú deberían crearse instituciones que protejan a los nuevos valores y al arte peruano en general.  Tú sabes que yo luché por ello toda la vida". Moisés Vivanco. Madrid, España. 1981.
"Alejandro Vivanco, Amauta del Folklore con poder de Quena". Pablo Mesías Antón. Lima, 1983.

"Con Alejandro Vivanco trabajamos en el Departamento de Folklore de la Casa de la Cultura del Perú en donde hicimos una tarea titánica que la historia tendrá que juzgar". Josafat Roel Pineda. Lima, 1985.

“Con la  condecoración de las Palmas Magisteriales en el Grado de Maestro, que el Gobierno acaba de concederle el país reconoce sus señalados méritos en el campo del Folklore y enaltece a un distinguido profesional y educador, cuyas eminentes dotes hemos tenido ocasión de apreciar de cerca en el Cendaf". Armando Nieto Vélez S. J. Lima, Julio 1985.

"Alejandro Vivanco, brillante ejecutante de los serófonos autóctonos, director de la recordada Compañía ‘Pachamama’, que mereció consagratorios lauros durante la ‘edad de oro’ del folklore en Lima". Mildred Merino de Zela. Lima, 1987.

"Es más fácil comprender el folklore de Ayacucho que otras regiones.  De esta vertiente procede Alejandro Vivanco: !La Primera Quena del Perú!". Juan José Vega. Lima, 1989.

"Vivanco: Concierto de toda una vida para una sola quena". El Comercio. Lima, 1989.

"Con el destino tirado a cara o sello y mientras caía la moneda al suelo,  conocí a Alejandro Vivanco, cuya amistad y enseñanza fueron gravitantes en mi vida.  Integré a órdenes suyas, el coro folklórico "Pachamama" y fuí cantor de huaynos en los coliseos". Lucho Barrios. Lima, 1990.


No pretendo cansarlos con un frío y lato recuerdo de la tragedia y epopeya de un hombre, sólo pido atención a esta loa merecida a un hombre de verdad.

UN DOLOROSO RECUENTO:

Una noche, en el Centro Folklórico que todavía no llevaba su nombre, local situado en Carabaya, 744, vi que la cabeza del maestro se inclinaba, fuera de lo normal hacia la izquierda cada vez más. Estaba sentado en su modesto escritorio de siempre, contiguo a mi aula. Sus manos agarraban fuertemente los papeles que firmaba sobre tardes. Pensé que aquel rígido gesto pasaría. Continuaba en tal repentina posición. Sin decirles lo que veía, pedí permiso a mis alumnos de Teoría Folklórica. Caminé los pocos pasos para llegar a él. No sabía qué le pasaba.

“¡Maestro, maestro!” Le agarré la mano derecha. Logró levantar la cabeza, pero no del todo. “¿Hijo?” Logré ver, sobre sus gruesos lentes el susto de sus ojos. “¡Está usted mal! Lo veo que se inclina a la izquierda” “¡Muévase, muévase, maestro! ¿Está usted bien? “Sí, sí, ayúdame a levantar” Nunca había pedido ayuda. Es más lo molestaba. “Yo soy el niño Vivanco. Estoy fuerte y muy bien de salud, solía decir siempre. He logrado pasar Ticlio a 4,818 metros de altitud. Estoy mejor que ustedes ¡Póbrecitos!” Se jactaba días antes, en setiembre de 1991, al regresar del XI Congreso Nacional de Folklore en Huancayo.

Lo agarré de la mano y se levantó. Al verlo parado lo recordé de pronto caminando en Puka cruz, en Ayacucho, yendo a visitar su antigua casa, donde había nacido. En Huamanga, en 1910, nacía un niño, a quien sus padres, la joven doña Candelaria Guerra Ruiz, de 18 años, y   don Germán Vivanco Castañeda, de 27, le pusieron el nombre de Justo Alejandro. Vio la luz en un hogar de clase media, acostumbrado a la complacencia del trabajo, en medio de zaguanes, patio y calles que guardaban el aroma de fiestas religiosas en honor a santos y vírgenes. Era la madrugada del 14 de octubre de 1910.

Habló con mayor tranquilidad. Le volví a decir que si sentía algún dolor y la respuesta siempre fue negativa. Nunca sospeché lo que tenía, empero le dije que le llevaría al hospital. No quiso. Me pidió que buscáramos un teléfono. Caminó con dificultad, lo hizo un poco de costado. No tenía la locuacidad de siempre. Aquella locauacidad que había aprendido de su madre de quien decía: “

“Mi madre, doña Candelaria Guerra Ruiz, hija del cura Guerra, un famoso sacerdote de Huamanga’. Mi bendita madre, tenía la costumbre de contarme sus cuentos, sus chistes, sus leyendas, sus mitos, empero se ponía a cantar. Yo, muchas veces, he grabado en cintas magnetofónicas, todo lo que mi madre me decía …”

Alquilamos un teléfono. “Inés…, voy a casa…” alcancé a escuchar; palabras, a manera de consulta. Amaba y siempre estaba pendiente de la Ñusta Nativa, su esposa.

Recordé sus años en que conoció a Santigallo, un brujo que hacía amarres de amor. El que vivía en Acuchimay, famoso cerro custodio de Huamanga. Allí en una huerta vivía Santigallo. De él decía Vivanco: “Nos daban, amuletitos para el amor que se llamaba “wichqa”, pequeña cruz, envuelta en forma con hilos de diferentes colores, lana de seda, etecetra. Parece que era palito de chonta que tenía efectos mágicos, nos vendían a diez centavos, para guardar en el bolsillo. Con esta “wichqa” podríamos tener éxito amoroso. Consistía, en nuestra época, en mandar una cartita a nuestra querencia, a una niña que nos gustaba y si nos contestaba la carta era porque estaba haciendo buen efecto la “wichqa” que teníamos en el bolsillo. Y si  alguna vez se perdía la “wichqa”, cuando uno se olvidaba, podías perder para siempre a tu  enamorada. Tenía tanta importancia sus secretos porque éramos tan románticos, tan aventureros y muchas veces la niña no sabía que estábamos enamorados, estábamos tan chicos”.

Me repuse del recuerdo y conversaron con Inés. No me dijo qué. Insistí si convenía ir a algún centro médido. Me dijo que en casa le esperaría Inés, reafirmando su respuesta y mostrando autoridad. La leve parálisis no impidió que regresáramos al Centro Folklórico del Magisterio. Guardó sus papeles y aseguró su dirección.  Sólo permitió que le ayudara a tomar el taxi.


Quedamos solos, al lado de Rosalía Patiño, hoy presente, el Maestro Urcia, el maestro Morales, …..

Rememorando la fortaleza del maestro. Se dijo que siempre el maestro recordaba sus primeros años de imprentero a los siete años, ayudante llevando pruebas para la Imprenta Diocesana de El Estandarte Católico, de don Daniel Mayorga. Su escuela donde después de “Virgo” le decían “¡Veintiunucha!”, sus juegos escolares como Angel y el Diablo, el Nudo de guerra, el Gato y el ratón, Huaylin-huaylin, Kikiruchu, Armay lazo, Sua-sua, Casca la rueda, Calabaza, Pispischa, Tejo, Busca bolsillo, Arkuy punku, entre otros, que también había visto en Arcopampa el huaracanakuy, la famosa pelea ritual.

El maestro Urcia nos recordó que Vivanco de muy niño había tocado el tambor y la corneta y siempre hablaba de Tany Medina. Corría el años de 1924  y estaban en el Colegio Mariscal Cáceres, del "Usa" Parodi. Tenía 14 años y ya había compuesto una marcha "Confraternidad".

A esa edad siguió componiendo para la estudiantina sensibles temas como "Lágrimas de Ñusta", "Huacc huacacc", "Delirio", "Ima Sumaq". Todo aquello lo hacía a escondidas de su padre, quien de enterarse no hubiera concedido ni un milímetro de aquel tiempo que le implicaba la composición.

En aquellos años Francisco Rivera el Incario era su clandestino maestro de la quena. Y Vivanco no tenía reparos en reconocer que le daba de quenasos en la cabeza. Habían otros que le inspiraron: el pianista Oswaldo Mendieta, Ernesto Ríos en la quena, como instrumentistas entre el charango, la guitarra y el violín Saturnino Almonacid, Alejandro Límaco, Alcibiades Aybar, Hernán Morales, Los hermanos Bastidas. Entre aquellos deslumbraba una figura, con manos felinas, era Florencio Coronado, como reverenciando al que fuera imagen mundial don Estanislao Medina, lo llamaban “Tani Medina”.


Decía del charango como se decía: “de estraña templadura” era una adaptación india de la bandurria o guitarra española. Los bravos morochucos de Pampa Cangallo, en Ayacucho, los legendarios Qori-lazos de Chumbivilcas, en el Cuzco, los enamorados maqtas de Huayanay en Huancavelica, lo llevaban como alma del cuerpo. Un emblema huamanguino, de entonces era el “Toqto López” de  Cora-Cora, símbolo de Hernán Gutiérrez Osorio, Nestor Canales y Jaime Guardia de Pausa. Charangos llevados al retablo de Don Joaquín  López  Antay. El gran retablista, que también reproducía santos, al Jesús Nazareno,  a la Virgen Dolorosa.


En cuanto acabó sus estudios secundarios a los veintidos años vino a Lima. El recién llegado lo hacía: “ como un provinciano, por suspuesto no como un provinciano de las punas, de las alturas, ignorante, sin colegio, sino un joven despierto con corbata y bien puesto, como digno representante de la familia Vivanco, de esos españoles de la prosapia de Ayacucho”.

Lo que lo sorprendió era las calles muy pequeñas, angostas, de un solo caño. Precisamente llegó a una de ellas. Tenía que acomodarse a estas “comodidades”. “Yo llegué a un callejón precisamente de la calle San Ildefonso, donde vivía mi tía doña Sebastiana Brañez de Vivanco.

Estudios Académicos - Antecedentes:

Después de haber llegado de su querida Huamanga en enero de 1935 y haberse ubicado en casa de doña Sebastiana Bráñez, vivió en ésta hasta 1940. Cinco años al lado de ese callejón de un sólo caño. Por entonces se casó. “Así iniciamos una larga campaña de serenatas en los barrios de Lima, durante varios años. Transcurrrían los años 1937-1942”.

Para entonces en el Cusco, se preparaba la representación del Inti Raymi en el Sacsayhuaman. Una nueva forma de teatro popular que se representó por vez primera en 1944. El pensó en su compañía “Ollanta”. La idea central era la representación de diversas manifestaciones de arte, básicamente la danza de diferentes regiones andinas del Perú. Así se olvidó de la tarea con la que había venido: sus estudios. Así debutaron en 1946 en el Teatro Segura con dos funciones.

Por los años 1957 recibió  una comunicación de su  padre don Germán de Vivanco, quien al conocer de sus éxitos, se preguntó y qué había sido de aquel encargo para lo cual había salido de Huamanga. Inmediatamente Alejandro le respondió con ambivalencia para esos casos. La respuesta no satisfizo. Inmediatamente, ya en 1958, lo notificó notarialmente, para dar explicaciones del por qué se había dedicado a otros menesteres y no al estudio.

“Suspendí toda actividad y me fuí a Ayacucho, allí en la intimidad del hogar con mis abuelos y mis padres presentes pedí de rodillas perdón en la capilla de la casa de Santa Teresa de Ayacucho. Allí había un hermoso cuadro que representaba a Jesús de Nazareno que era el patrón testigo de la vida de la familia. Allí me comprometi, di mi palabra de honor para volver a Lima ingresar y seguir mis estudios universitarios”.

Al volver a Lima, dejó toda actividad artística durante una temporada y se dedicó a la preparación para el ingreso a la Universidad.

Se presentó en 1960 a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. La especialidad que escogió no era el derecho, como hubieran querido sus padres, sino la antropología.

“Porque ya estaba preparado por tanta lucha, por tantos años de contacto con el pueblo, con su costumbre, con sus tradiciones, con su música”. Y se hizo antropólogo, como tal es frondosa su producción y muy conocida., Basta ver Cien temas de Folklore Peruano. Ingresó ese mismo año al Conservatorio Nacional de Música.

Optó el título profesional de profesor de Educación Musical en el Conservatorio Nacional de Música en 1972, luego el grado académico de Bachiller en Antropología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con la tésis "Migrantes de Provincias como Intérpretes del Folklore Andino en Lima" en 1974. Continuó carrera y optó el grado académico de Doctor en Antropología en la Universidad Mayor de San Marcos con la tésis "La Difusión del Folklore y la formación de Actitudes" en 1976, siendo presidente del jurado el Dr. Sócrates Villar Córdova y como componente del jurado estaba el Dr. Ramiro Matos Mendieta arqueólogo, como asesor el  Dr. Alejandro Ortiz Rescaniere.
Terminó la conversación aquella noche y nos fuimos intrigados y preocupados. Entre las calles recordaba a Vivanco en 1982, entre el tumulto de los conjuntos de sikus, morenadas y caporales en Puno. Se realizaba el V Congreso Nacional de Folklore. El congreso había coincidido con la fiesta de la virgen Candelaria. En Cajamarca al lado de Efraín Morote, con la formalidad de saco y corbata, estilo desde sus trabajos de campo en Pacaraos, cuando estudiante de antropología en San Marcos, a los 55 años.

Lo que le había pasado era un paulatino derrame cerebral. Como los grandes falleció el mismo día de su  nacimiento. Dejó un legado grande y frondoso a favor de la cultura nacional y hoy todos llevamos parte de este esfuerzo por valorar lo nuestro, ahora que otros nos dicen seamos globales, sin importarle la gran sabiduría ancestral y milenaria, que Vivanco reivindicó.


                      José Carlos Vilcapoma
                                  


 

Manuel Alarcón Alarcón.
(Ayacucho, 29 de julio de 1955)

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