lunes, 27 de febrero de 2012

Semblanza Vida y Obra de la Quena de Todos los Tiempos

XVIII CONGRESO NACIONAL DE FOLKLORE
VII CONGRESO INTERNACIONAL DE FOLKLORE
“Alejandro Vivanco Guerra”
28-31 de octubre de 2006

SEMBLANZA
VIDA Y OBRA DE LA QUENA DE TODOS LOS TIEMPOS


                         JOSE CARLOS VILCAPOMA




“Mas, esta es mi voz; cierto, desgastada por la tristeza
pero que a la luz de una alborada revolucionaria
te dice: ¡Hasta luego, y reparte este pan de versos
con el suave vino de los recuerdos
entre los que te acompañaron y están contigo.
Palabras de Alba y Romance para ti, Alejandro Vivanco”.



Es un honor prosar esta mañana, algunos versos sentidos al maestro que vive dentro de nosotros. A él no sólo nuestro homenaje, sino nuestro compromiso por seguir en esta huella trazada. De Vivanco, se dijo, frases con profundo significado y simbolismo  que de por sí nos da una imagen de quién era y quien es. Una forma sutil de construir la identidad:

"Vivanco, en cambio, es un caballero de la clase media de Huamanga; como músico (toca seis instrumentos, entre ellos el wakra'puku y la chirimía que son exclusivos de indios) no entiende de otro repertorio que del mestizo, siendo al mismo tiempo un ejecutante admirable de la música de danzas que son exclusivas de los indios". José María Arguedas. Lima, 1958.

"No interesa cuántas compañías de arte folklórico fundó, ni en cuántas tomó parte, lo esencial es que nunca traficó con su arte, que no lo mistificó, ni cedió ante la huachafería de quienes solían explotar lo nativo, que fue siempre un luchador y que prefirió la honorable pobreza a tener que transar en detrimento de la herencia cultural que recibió como todos los hombres del Ande". Alfonsina Barrionuevo. Lima, 1977.

"La presencia de Alejandro Vivanco en los discos Sono Radio, prestigia la industria fonográfica continental". Mario Cavagnaro. Lima, 1977.

"Alejandro Vivanco -digo yo, su maestro-, cultiva el arte por vocación, no por ocasión, por cultura, no por negocio". Francisco Rivera El Incario. Huancayo, 1979.
"Alejandro: Yo igual que tú pienso que en el Perú deberían crearse instituciones que protejan a los nuevos valores y al arte peruano en general.  Tú sabes que yo luché por ello toda la vida". Moisés Vivanco. Madrid, España. 1981.
"Alejandro Vivanco, Amauta del Folklore con poder de Quena". Pablo Mesías Antón. Lima, 1983.

"Con Alejandro Vivanco trabajamos en el Departamento de Folklore de la Casa de la Cultura del Perú en donde hicimos una tarea titánica que la historia tendrá que juzgar". Josafat Roel Pineda. Lima, 1985.

“Con la  condecoración de las Palmas Magisteriales en el Grado de Maestro, que el Gobierno acaba de concederle el país reconoce sus señalados méritos en el campo del Folklore y enaltece a un distinguido profesional y educador, cuyas eminentes dotes hemos tenido ocasión de apreciar de cerca en el Cendaf". Armando Nieto Vélez S. J. Lima, Julio 1985.

"Alejandro Vivanco, brillante ejecutante de los serófonos autóctonos, director de la recordada Compañía ‘Pachamama’, que mereció consagratorios lauros durante la ‘edad de oro’ del folklore en Lima". Mildred Merino de Zela. Lima, 1987.

"Es más fácil comprender el folklore de Ayacucho que otras regiones.  De esta vertiente procede Alejandro Vivanco: !La Primera Quena del Perú!". Juan José Vega. Lima, 1989.

"Vivanco: Concierto de toda una vida para una sola quena". El Comercio. Lima, 1989.

"Con el destino tirado a cara o sello y mientras caía la moneda al suelo,  conocí a Alejandro Vivanco, cuya amistad y enseñanza fueron gravitantes en mi vida.  Integré a órdenes suyas, el coro folklórico "Pachamama" y fuí cantor de huaynos en los coliseos". Lucho Barrios. Lima, 1990.


No pretendo cansarlos con un frío y lato recuerdo de la tragedia y epopeya de un hombre, sólo pido atención a esta loa merecida a un hombre de verdad.

UN DOLOROSO RECUENTO:

Una noche, en el Centro Folklórico que todavía no llevaba su nombre, local situado en Carabaya, 744, vi que la cabeza del maestro se inclinaba, fuera de lo normal hacia la izquierda cada vez más. Estaba sentado en su modesto escritorio de siempre, contiguo a mi aula. Sus manos agarraban fuertemente los papeles que firmaba sobre tardes. Pensé que aquel rígido gesto pasaría. Continuaba en tal repentina posición. Sin decirles lo que veía, pedí permiso a mis alumnos de Teoría Folklórica. Caminé los pocos pasos para llegar a él. No sabía qué le pasaba.

“¡Maestro, maestro!” Le agarré la mano derecha. Logró levantar la cabeza, pero no del todo. “¿Hijo?” Logré ver, sobre sus gruesos lentes el susto de sus ojos. “¡Está usted mal! Lo veo que se inclina a la izquierda” “¡Muévase, muévase, maestro! ¿Está usted bien? “Sí, sí, ayúdame a levantar” Nunca había pedido ayuda. Es más lo molestaba. “Yo soy el niño Vivanco. Estoy fuerte y muy bien de salud, solía decir siempre. He logrado pasar Ticlio a 4,818 metros de altitud. Estoy mejor que ustedes ¡Póbrecitos!” Se jactaba días antes, en setiembre de 1991, al regresar del XI Congreso Nacional de Folklore en Huancayo.

Lo agarré de la mano y se levantó. Al verlo parado lo recordé de pronto caminando en Puka cruz, en Ayacucho, yendo a visitar su antigua casa, donde había nacido. En Huamanga, en 1910, nacía un niño, a quien sus padres, la joven doña Candelaria Guerra Ruiz, de 18 años, y   don Germán Vivanco Castañeda, de 27, le pusieron el nombre de Justo Alejandro. Vio la luz en un hogar de clase media, acostumbrado a la complacencia del trabajo, en medio de zaguanes, patio y calles que guardaban el aroma de fiestas religiosas en honor a santos y vírgenes. Era la madrugada del 14 de octubre de 1910.

Habló con mayor tranquilidad. Le volví a decir que si sentía algún dolor y la respuesta siempre fue negativa. Nunca sospeché lo que tenía, empero le dije que le llevaría al hospital. No quiso. Me pidió que buscáramos un teléfono. Caminó con dificultad, lo hizo un poco de costado. No tenía la locuacidad de siempre. Aquella locauacidad que había aprendido de su madre de quien decía: “

“Mi madre, doña Candelaria Guerra Ruiz, hija del cura Guerra, un famoso sacerdote de Huamanga’. Mi bendita madre, tenía la costumbre de contarme sus cuentos, sus chistes, sus leyendas, sus mitos, empero se ponía a cantar. Yo, muchas veces, he grabado en cintas magnetofónicas, todo lo que mi madre me decía …”

Alquilamos un teléfono. “Inés…, voy a casa…” alcancé a escuchar; palabras, a manera de consulta. Amaba y siempre estaba pendiente de la Ñusta Nativa, su esposa.

Recordé sus años en que conoció a Santigallo, un brujo que hacía amarres de amor. El que vivía en Acuchimay, famoso cerro custodio de Huamanga. Allí en una huerta vivía Santigallo. De él decía Vivanco: “Nos daban, amuletitos para el amor que se llamaba “wichqa”, pequeña cruz, envuelta en forma con hilos de diferentes colores, lana de seda, etecetra. Parece que era palito de chonta que tenía efectos mágicos, nos vendían a diez centavos, para guardar en el bolsillo. Con esta “wichqa” podríamos tener éxito amoroso. Consistía, en nuestra época, en mandar una cartita a nuestra querencia, a una niña que nos gustaba y si nos contestaba la carta era porque estaba haciendo buen efecto la “wichqa” que teníamos en el bolsillo. Y si  alguna vez se perdía la “wichqa”, cuando uno se olvidaba, podías perder para siempre a tu  enamorada. Tenía tanta importancia sus secretos porque éramos tan románticos, tan aventureros y muchas veces la niña no sabía que estábamos enamorados, estábamos tan chicos”.

Me repuse del recuerdo y conversaron con Inés. No me dijo qué. Insistí si convenía ir a algún centro médido. Me dijo que en casa le esperaría Inés, reafirmando su respuesta y mostrando autoridad. La leve parálisis no impidió que regresáramos al Centro Folklórico del Magisterio. Guardó sus papeles y aseguró su dirección.  Sólo permitió que le ayudara a tomar el taxi.


Quedamos solos, al lado de Rosalía Patiño, hoy presente, el Maestro Urcia, el maestro Morales, …..

Rememorando la fortaleza del maestro. Se dijo que siempre el maestro recordaba sus primeros años de imprentero a los siete años, ayudante llevando pruebas para la Imprenta Diocesana de El Estandarte Católico, de don Daniel Mayorga. Su escuela donde después de “Virgo” le decían “¡Veintiunucha!”, sus juegos escolares como Angel y el Diablo, el Nudo de guerra, el Gato y el ratón, Huaylin-huaylin, Kikiruchu, Armay lazo, Sua-sua, Casca la rueda, Calabaza, Pispischa, Tejo, Busca bolsillo, Arkuy punku, entre otros, que también había visto en Arcopampa el huaracanakuy, la famosa pelea ritual.

El maestro Urcia nos recordó que Vivanco de muy niño había tocado el tambor y la corneta y siempre hablaba de Tany Medina. Corría el años de 1924  y estaban en el Colegio Mariscal Cáceres, del "Usa" Parodi. Tenía 14 años y ya había compuesto una marcha "Confraternidad".

A esa edad siguió componiendo para la estudiantina sensibles temas como "Lágrimas de Ñusta", "Huacc huacacc", "Delirio", "Ima Sumaq". Todo aquello lo hacía a escondidas de su padre, quien de enterarse no hubiera concedido ni un milímetro de aquel tiempo que le implicaba la composición.

En aquellos años Francisco Rivera el Incario era su clandestino maestro de la quena. Y Vivanco no tenía reparos en reconocer que le daba de quenasos en la cabeza. Habían otros que le inspiraron: el pianista Oswaldo Mendieta, Ernesto Ríos en la quena, como instrumentistas entre el charango, la guitarra y el violín Saturnino Almonacid, Alejandro Límaco, Alcibiades Aybar, Hernán Morales, Los hermanos Bastidas. Entre aquellos deslumbraba una figura, con manos felinas, era Florencio Coronado, como reverenciando al que fuera imagen mundial don Estanislao Medina, lo llamaban “Tani Medina”.


Decía del charango como se decía: “de estraña templadura” era una adaptación india de la bandurria o guitarra española. Los bravos morochucos de Pampa Cangallo, en Ayacucho, los legendarios Qori-lazos de Chumbivilcas, en el Cuzco, los enamorados maqtas de Huayanay en Huancavelica, lo llevaban como alma del cuerpo. Un emblema huamanguino, de entonces era el “Toqto López” de  Cora-Cora, símbolo de Hernán Gutiérrez Osorio, Nestor Canales y Jaime Guardia de Pausa. Charangos llevados al retablo de Don Joaquín  López  Antay. El gran retablista, que también reproducía santos, al Jesús Nazareno,  a la Virgen Dolorosa.


En cuanto acabó sus estudios secundarios a los veintidos años vino a Lima. El recién llegado lo hacía: “ como un provinciano, por suspuesto no como un provinciano de las punas, de las alturas, ignorante, sin colegio, sino un joven despierto con corbata y bien puesto, como digno representante de la familia Vivanco, de esos españoles de la prosapia de Ayacucho”.

Lo que lo sorprendió era las calles muy pequeñas, angostas, de un solo caño. Precisamente llegó a una de ellas. Tenía que acomodarse a estas “comodidades”. “Yo llegué a un callejón precisamente de la calle San Ildefonso, donde vivía mi tía doña Sebastiana Brañez de Vivanco.

Estudios Académicos - Antecedentes:

Después de haber llegado de su querida Huamanga en enero de 1935 y haberse ubicado en casa de doña Sebastiana Bráñez, vivió en ésta hasta 1940. Cinco años al lado de ese callejón de un sólo caño. Por entonces se casó. “Así iniciamos una larga campaña de serenatas en los barrios de Lima, durante varios años. Transcurrrían los años 1937-1942”.

Para entonces en el Cusco, se preparaba la representación del Inti Raymi en el Sacsayhuaman. Una nueva forma de teatro popular que se representó por vez primera en 1944. El pensó en su compañía “Ollanta”. La idea central era la representación de diversas manifestaciones de arte, básicamente la danza de diferentes regiones andinas del Perú. Así se olvidó de la tarea con la que había venido: sus estudios. Así debutaron en 1946 en el Teatro Segura con dos funciones.

Por los años 1957 recibió  una comunicación de su  padre don Germán de Vivanco, quien al conocer de sus éxitos, se preguntó y qué había sido de aquel encargo para lo cual había salido de Huamanga. Inmediatamente Alejandro le respondió con ambivalencia para esos casos. La respuesta no satisfizo. Inmediatamente, ya en 1958, lo notificó notarialmente, para dar explicaciones del por qué se había dedicado a otros menesteres y no al estudio.

“Suspendí toda actividad y me fuí a Ayacucho, allí en la intimidad del hogar con mis abuelos y mis padres presentes pedí de rodillas perdón en la capilla de la casa de Santa Teresa de Ayacucho. Allí había un hermoso cuadro que representaba a Jesús de Nazareno que era el patrón testigo de la vida de la familia. Allí me comprometi, di mi palabra de honor para volver a Lima ingresar y seguir mis estudios universitarios”.

Al volver a Lima, dejó toda actividad artística durante una temporada y se dedicó a la preparación para el ingreso a la Universidad.

Se presentó en 1960 a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. La especialidad que escogió no era el derecho, como hubieran querido sus padres, sino la antropología.

“Porque ya estaba preparado por tanta lucha, por tantos años de contacto con el pueblo, con su costumbre, con sus tradiciones, con su música”. Y se hizo antropólogo, como tal es frondosa su producción y muy conocida., Basta ver Cien temas de Folklore Peruano. Ingresó ese mismo año al Conservatorio Nacional de Música.

Optó el título profesional de profesor de Educación Musical en el Conservatorio Nacional de Música en 1972, luego el grado académico de Bachiller en Antropología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con la tésis "Migrantes de Provincias como Intérpretes del Folklore Andino en Lima" en 1974. Continuó carrera y optó el grado académico de Doctor en Antropología en la Universidad Mayor de San Marcos con la tésis "La Difusión del Folklore y la formación de Actitudes" en 1976, siendo presidente del jurado el Dr. Sócrates Villar Córdova y como componente del jurado estaba el Dr. Ramiro Matos Mendieta arqueólogo, como asesor el  Dr. Alejandro Ortiz Rescaniere.
Terminó la conversación aquella noche y nos fuimos intrigados y preocupados. Entre las calles recordaba a Vivanco en 1982, entre el tumulto de los conjuntos de sikus, morenadas y caporales en Puno. Se realizaba el V Congreso Nacional de Folklore. El congreso había coincidido con la fiesta de la virgen Candelaria. En Cajamarca al lado de Efraín Morote, con la formalidad de saco y corbata, estilo desde sus trabajos de campo en Pacaraos, cuando estudiante de antropología en San Marcos, a los 55 años.

Lo que le había pasado era un paulatino derrame cerebral. Como los grandes falleció el mismo día de su  nacimiento. Dejó un legado grande y frondoso a favor de la cultura nacional y hoy todos llevamos parte de este esfuerzo por valorar lo nuestro, ahora que otros nos dicen seamos globales, sin importarle la gran sabiduría ancestral y milenaria, que Vivanco reivindicó.


                      José Carlos Vilcapoma
                                  


 

Manuel Alarcón Alarcón.
(Ayacucho, 29 de julio de 1955)

jueves, 23 de febrero de 2012

PAK'ARINA

Edición De La Revista
El porqué de PAK’ARINA
Pakarina, es el nombre con que en el pre-hispánico se indicaba a los lugares sagrados de donde se creía hubieran emergido hombres. Los mitos de origen de las culturas del prehispánico hacen referencia a aquellos lugares sagrados en clara asociación con el agua, fuente de vida y nacimiento de los hombres.
Una forma de reivindicar las culturas del glorioso pasado prehispánico pasado es haberle puesto el nombre Pak’arina a nuestra revista


¿Por qué nació PAK’ARINA?
El Perú se vende gracias a lo inédito. Sus danzas y bailes han maravillado al mundo. Todos la admiran y nadie duda de lo grandioso de las culturas antes de la llegada de los mares. Viajeros, turistas y hombres de cultura universal vienen a esta para admirar magníficos rasgos de la tradicionalidad nuestra. Empero todavía hay mucho que mostrar. Por ello Pakarina dedico su primer número a reflejar el bello mundo de las danzas andinas inéditas del Perú. Este trabajo se llevo a cabo desde el año 1989 y se prolongo hasta 1997, gracias a un magnifico equipo  de investigadores, entre los que se cuento con  antropólogos, historiadores, fotógrafos y reporteros que dieron  cuenta de las danzas registradas conocidas y reconocidas salvo por ejecutantes.
Pensando en el viajero y el turista, Esta significativa revista nos mostraba también un mapa detallado que  nos permitía la fácil ubicación  de vías de acceso, para una rápida localización turística.
De lectura ágil, grafica y concreta fue Pak’arina.

Articulos de Relevancia

Juan José Vega.
 
RÉQUIEM PARA UN AMIGO.
 
Escribe: José Carlos Vilcapoma
 
De cara al cielo, con mirada erguida y orgullo sin par por lo inca, de quienes decía eran sus antepasados, al que le sumaba el color de allende los mares, marchó a otra batalla. El hombre de la Guerra de los Viracochas, con frente chola, que embellecía su rostro barbado al estilo de los guerreros del siglo XVI, marchó admirando a Rumiñahui, el gran estratega de Atahuallpa, que inspiró su teoría, que la conquista no había culminado con la captura de Cajamarca, para decirnos que había que escribir la historia de los vencidos. Un militante peruanista cuyo punto de vista no le fue perdonado.
Las retamas del Mantaro, a donde acudió, innumerables veces, las cantutas en el viejo camino de Vitcos, en Vilcabamba, los ichus de Pasco, buscando las huellas de Huaricapcha, y los totorales de los Uros, en el Titicaca, entre tantos otros, se inclinarán reverentes y exhalarán sus perfumes para dejar pasar la huellas de sus pasos, a la sombra de sus crónicas, de quien siempre buscó reivindicar la historia de los pueblos. En tales recorridos su pluma era incesante y las fichas su compañera.
La historiografía tradicional del ‘60, no le perdonó que admirara al indio Don Felipe Huamán Poma de Ayala, de quien dijo era el agudo cronista y gran dibujante. Tampoco que a sus 28 años, lidiara con las tradicionales posiciones hispanistas de Porras, por demostrar que los últimos incas de Vilcabamba, habían tenido dignidad, desde Manco Inca, el rebelde, hasta Túpac Amaru I, muerto en 1571. La Guerra de los Viracochas, resultado de esta posición, apareció en Populibros de Manuel Scorza en 1963. En confesión sincera, se declaraba discípulo de personajes de la historia, más que de algún patriarca sagrado de su época. Esta posición, para algunos, era un pecado más.
No le tuvo miedo, a esta etapa sangrienta, de la lucha y resistencia anticolonial. Fue el que escribió más páginas sobre José Gabriel Túpac Amaru, de quien decía fue "un hombre sin miedo y sin tacha, admirado por Bolivar y San Martín", que por su arrojo contra el Imperio Español, debía considerarse el peruano más importante en la historia universal. En esta línea escribió en 1967, la primera bibliografía sobre este personaje, en 1969 Túpac Amaru, en 1982 Tupacamaristas puneños, en 1983 Guerras de la gesta tupacamarista, en 1984 Diego Cristóbal Túpac Amaru, en 1993 El Proyecto Económico de los Túpac Amaru y en 1995 los dos tomos de Túpac Amaru y sus compañeros.
Más de un centenar de libros y artículos, acompañan esta larga lucha, que no lo distrajo en escribir temas regionales o locales. Obras dedicadas a los Viajeros en Pasco, Pizarro en Piura, Los huancas aliados de la conquista, Cáceres en el Mantaro, entre tantos, dicen de por sí que el Perú era suyo, sin mencionar otras crónicas como La Relación de Quipucamayos, Garcilaso el Cronista o temas de Peruanidad e Identidad y de Folklore. Pocos saben que ha escrito hermosos textos de Historia Universal para la secundaria. Su último libro Rodrigo Orgoños, el Mariscal Judío, demuestra cómo las comunidades judías de América Latina, se habían identificado con los pueblos que los habían acogido.
Abogado, historiador, periodista. Sobre todo maestro, había pasado por casi todos los lugares. Fue además, alcalde de Miraflores, Director del Diario Expreso y El Comercio, desde donde publicó páginas en quechua, que nunca le perdonarían; Fue Sub Director Nacional de Cultura, al lado de José María Arguedas y Rector de La Cantuta, Universidad a la que le fue siempre fiel hasta el último de sus días.
Empero, como contradiciendo las jerarquías, fue un hombre de bondad de clase. Solía atender a los estudiantes más necesitados, a quienes como premio les prestaba alguno de los miles de libros y fichas clasificadas, que hoy le reclaman. En sus viajes solía, por ley, visitar los mercados, conversar con las personas más antiguas y buscar papa sancochada, al estilo de Huatiacuri, héroe de Huarochirí, que sólo comía papas cocidas debajo de la tierra.
Con su partida también los instrumentos de agitarán más y más. Las tijeras de los danzaq Qory Sisicha y Jarjaria, sus amigos, las cuerdas de la guitarra de Roger Jerí, en el Mantaro, el piano de Manuel Calmet y las composiciones del Mocho Chávez, quedarán al olvido. Manuel Acosta Ojeda, no tendrá eco y Zuli Azurín ya no evocará la melodía del Alberja saruy. Era amigo del huayno, de la marinera y de la música negra. Su memoria se lleva la tertulia del Palermo; empero en el Juanito de Barranco todavía se escucha su alegre y marcada conversación. Los salones de todos lados seguirán esperando sus conferencias magistrales y sus alumnos los horizontales consejos.
Y nosotros, tus amigos, seguiremos caminando juntos, conversando en la soledad de tu ausencia, asidos de tu imagen. Amigos una forma misteriosa de ser feliz y hoy un dolor que sólo sienten los que lo son.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
JOHN MURRA HA MUERTO
Por: José Carlos Vilcapoma*
 
Recuerdo nítidamente cuando John Murra nos enseñaba las cicatrices del antebrazo, orgulloso para rememorar su participación como voluntario al lado de los republicanos en la guerra civil española y en línea de combate en entre 1937 y 1938, después de haber estado en prisión a los dieciocho en el ascenso de Hitler al poder donde la Guardia de Hierro rumana exigía pureza racial. Era 1974, éramos muy jóvenes y estaba entre nosotros en un Congreso Internacional del Hombre y la Cultura Andina. Como buscando interpretar su propia pasado diría que aquello lo había marcado para convertirse en antropólogo, una forma de ocupación y de ganarse la vida observando las diferencias en cárceles como en culturas. Por eso diría que El Sexto de José María Arguedas le era conmovedoramente familiar.
John Murra ha muerto. Uno de los clásicos de la antropología andinista, que no le tuvo temor a la historia, pues desarrolló lo que más adelante se llamaría etnohistoria, una forma de utilizar fuentes del siglo XVI para comprender las culturas contemporáneas. Así escudriñó la visita de Iñigo Ortiz de Zúñiga a Huánuco en 1562, funcionario que no sólo entrevistó a autoridades étnicas de los llamados "Caciques y Principales", sino que visitó los pueblos casa por casa, indagando la forma de producción e intercambio agrícola; complementó su estudio con otra visita como la de Garcí Diez de San Miguel, en Chuchito en 1567, y planteó su teoría, después de un arduo trabajo etnográfico entre nuestras comunidades, que los pueblos prehispánicos desarrollaron una forma peculiar de propiedad, el control vertical de un máximo de pisos ecológicos, es decir, la importancia de microclimas en dimensión vertical para vencer la agreste geografía que nos hubo tocado.
Este erudito también ha enfatizado sus estudios, entre otros, en fuentes coloniales, relaciones, diarios, censos, de quechuas y aymaras. Ha completado el estudio sobre el autor de la primera gramática y diccionario quechua Domingo de Santo Tomás y del cronista Polo de Ondegardo. Sin embargo, lo más cercano a nosotros, es el monumental trabajo de la edición comentada de Nueva Crónica y Buen Gobierno de los Incas del cronista indio Felipe Guamán Poma de Ayala, trabajo que le costó más de veinte años. Y como para adentrarnos en el alma indígena y nacional, haciendo honor a su amistad con José María Arguedas –amigos, una forma misteriosa de ser feliz-, publicó al lado de Mercedes López-Baralt, las cartas de Arguedas, una forma peculiar de decirnos que los íconos e intelectuales paradigmáticos, también tienen una vida personal e íntima. Edición muy criticada, pues se volvía a poner al tapete de cuál era el límite de lo personal y de lo público, tratándose de una figura como Arguedas, empero ilustrativa y complementaria que se sobreponía a las biografías románticas y pasadistas, que según Mario Vargas Llosa eran parte de la Utopía Arcaica.
Defendió a Arguedas en sus momentos críticos cuando en el Instituto de Estudios Peruanos fue atacado por los "intelectuales militantes" por sus obras de ficción, pues pretendían que toda creación debiera ser "armas de combate". Sin embargo, según Murra, nuestro novelista no se amilanó, persistió en su poesía quechua y cambió San Marcos por la Agraria. John Murra, lo acompañó, como el mismo reconoce: "Nuestra colaboración siguió durante un decenio antes de su muerte: editando, viajando a congresos, insistiendo en el uso del quechua en la radio, pero también asistiendo a congresos profesionales que se reunían en territorios poblados por hablantes del runa simi o el aymara. Como tantos otros, se dio cuenta de que con frecuencia tenía más auditorio en el exterior del país que en Lima"
Un compromiso de un rumano que a los noventa años se marcha dejándonos un gran legado, el de sostener que nuestras culturas fueron incólumes porque tuvieron formas peculiares de ver su entorno y su vida.
 
* Antropólogo, Profesor de la Universidad Nacional Agraria. jocavi@lamolina.edu.pe


IIDA – UNMSM

Una pequeña demostración de que IIDA es desde hace mucho una entidad seria que perenniza por su autenticidad y compromiso con nuestros proyectos y con las personas que confían en nosotros. IIDA como institución seria en el campo de cultura y el desarrollo se asocia también de instituciones, entidades y sobre todo mantiene una relación muy estrecha con las universidades más importantes y prestigiosas del país y del extranjero.

I SEMINARIO

Uno de los primeros seminarios realizados hace aproximadamente veinte años fue el de la lengua y la valoración de las culturas a partir de ello, promocionando los círculos de estudios y el debate en torno al quechua, que, para como manifestación cultural permanece incólume. Es una muestra de cómo se puede amar lo nuestro, requisito base para lograr la identidad cultural

IIDA – DESARROLLO PERMANENTE

De esta manera IIDA demuestra que sus principios de ayer y hoy siguen permaneciendo firme entre sus integrantes. El objetivo es uno, que se puede definir rápidamente diciendo que se busca El Progreso De Nuestro Perú Profundo.

PERÚ: IDENTIDAD NOVIAS Y TRADICIÓN

IIDA como institución preocupada en los grandes campos culturales, indagó también en el campo del ciclo de la vida, dándole paso a un evento muy importante en el curso de la presencia andina: las modas. En dicha oportunidad el IIDA decidió dar a conocer la belleza de la boda étnica, desde diferentes puntos de vista: en aquella ocasión se presentaron 3 tipos de novia que destacan por su particularidad.
·         Novia Altiplánica; De brocado, razo y gaza, esta novia destaca la belleza en los bordados en crochet “chumpi”.
·         Novia del Valle del Mantaro; Con tradicionales bordados a mano y faja de telar.
·         Novia Prehispánica; Inspirada en la forma y decoración de la iconografía prehispánica.
Una forma particular de mostrar la riqueza cultural del decorado andino.

¿Que es IIDA?

El IIDA  es más que  un instituto de investigación; el IIDA  es una
Asociación  multidisciplinaria con personería jurídica que ama lo nuestro, es una fuerza que parte desde los principios de respeto al Otro y a la naturaleza. Somos un grupo de profesionales personas avocadas al engrandecimiento de nuestro país, proyectándonos e interesándonos en dar a conocer la belleza natural de nuestro país, así como las manifestaciones culturales, que se convierten en empresa y en potencial turístico.

Somos una personería jurídica privada y sin fines de lucro, de perspectiva rural y acogida urbana marginal postergada. Tenemos como fundamental objetivo la investigación y ejecución de programas de promoción y desarrollo. Fue fundado en la ciudad de Huancayo, sierra central del Perú, el 22 de febrero de 1989.

Es objetivo del IIDA impulsar el desarrollo de estos pueblos para que, en base a su identidad, tengan orgullo de su tradición y de su presente, para plantearse soluciones a sus álgidos problemas. La fuerza de los pueblos es su autonomía y autogestión.